¿Una lucha por la bandera blanca o por la Casa blanca?

El 20 de marzo de 2003, Estados Unidos bajo el mandato de George W. Bush comenzaba la invasión de Irak con el apoyo de otras naciones aliadas como Gran Bretaña y España. El fin oficial de la invasión fue eliminar las armas de destrucción masiva que poseía este estado y que supuestamente continuaban fabricando, aunque finalmente no se pudo demostrar la existencia de dichas armas.También apelaban a la vinculación de Saddam Hussein con el terrorismo de Al Qaeda –teoría que terminó refutándose– y a la necesidad de libertad y democracia del pueblo iraquí. Tras el conflicto, muchos expertos señalan que todos estos motivantes se trataba de una dialéctica propagandística y que el verdadero casus belli estaba más cercano a las motivaciones comerciales de Estados Unidos por el petróleo de Irak.

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Unos meses antes de que comenzara la invasión estadounidense y durante los primeros meses de esta operación militar las opiniones dentro del partido demócrata no eran del todo homogéneas e iban desde los más partidarios de la intervención a opiniones más críticas. En este contexto, un joven senador por Illinois llamado Barak Obama declaró en octubre de 2002: “Yo no me opongo a la guerra en todos los casos… A lo que me opongo es a una guerra estúpida”. Esta rotunda afirmación ya vislumbraba el posicionamiento respecto al conflicto que años más tarde en su carrera hacia la casa blanca iba a defender.

Una vez que Obama fue elegido candidato demócrata frente a Hilary Clinton para las elecciones de 2008, el posicionamiento del partido frente a la Guerra de Irak fue claro: había que retirar al ejército del país oriental. En 2008, en un momento en el que la situación no era del todo favorable, Obama prometió retirar las tropas en 16 meses dejando únicamente unas reservas mínimas.  Por el contrario, su adversario republicano a las elecciones McCain llegó a afirmar que las tropas estadounidenses tendrían que permanecer en Irak “aunque fuera 100 años” con el fin de terminar su misión.

Como explicó el diplomático español Jaime Ojeda, el posicionamiento de McCain, aunque en ocasiones pareciera imprudente, podía empatizar con el electorado que busca una retirada militar “pero no al precio de una humillante derrota o del desastre que dejaría tras de sí una retirada prematura”. En cambio, el posicionamiento de Obama podría crear desconfianza entre la ciudadanía al no proyectar la rotundidad de un “comandante en jefe”.

Los posicionamientos antibelicistas de Obama podrían tratarse también de la estrategia propagandística de Obama para las elecciones de 2008. En esa campaña, marcada por la crisis económica, todos los problemas del país se podían vincular a la figura de Bush. Por tanto, como describe el periodista Lizza, la alternativa no se encontraba tanto entre demócratas o liberales sino en cualquiera que pudiese ser claramente definido como “no Bush”. Es decir, el pilar fundamental de la campaña de Obama era la idea de cambio rupturista –era un rostro joven, poco conocido y dialécticamente sosegado). Por ende, siguiendo esta lógica, Obama podría haber optado por una postura menos beligerante que su predecesor por el simple hecho de diferenciarse de él.

Otro de los aspectos que caracterizaron la dialéctica de Obama frente a la diplomacia internacional era su disposición a reunirse y conversar con líderes de todo el mundo. En sus discursos apostaba por el diálogo como herramienta de resolución de conflictos y trataba de evitar la tan repetida idea de “ellos contra nosotros”. Simplemente alejándose del relato belicista y de agitación tan repetido por Bush en los años anteriores ya lograba causar una sensación de ruptura y renovación política en el electorado.

Durante esta campaña electoral, en el verano de 2008, Obama orquestó una gira por Europa y Oriente Medio. Con esta serie de viajes el entonces candidato a la presidencia estadounidense reforzaba su convicción en el diálogo como medio para resolver los problemas y llevaba a la práctica el nuevo modelo de relaciones internacionales que presentaba para Estados Unidos. En Europa Obama visitó Alemania, Francia y Reino Unido. Pero los viajes más significativos se produjeron en oriente al visitar Israel, Jordania, Cisjordania, Kuwait, Afganistán e Irak. Con estos dos últimos países Estados Unidos llevaba años manteniendo tensiones beligerantes y supuso un leve avance diplomático la visita de un aspirante a la Casa Blanca. También cabe destacar la campaña que Obama realizó en Israel para atraer al voto judío norteamericano. Con eslóganes como “israelíes por Obama” y el apoyo de altos cargos de ese país Obama acabó obteniendo el 77% del voto de los judíos estadounidenses.

Finalmente, Obama resultó victorioso de las elecciones celebradas el 4 de noviembre de 2008. Los primeros meses tras ser electo, Obama mantuvo sus principales pilares argumentales respecto a los conflictos bélicos. Por ejemplo, en su discurso de toma de posesión declaraba lo siguiente: “Guiados de nuevo por estos principios, podemos hacer frente a esas nuevas amenazas que exigen aún mayor esfuerzo - incluso mayor cooperación y entendimiento entre las naciones. Comenzaremos a dejar Irak, de manera responsable, a su pueblo, y forjar una paz ganada con dificultad en Afganistán”. En estas palabras se ve la clara referencia al diálogo y a sus principios pacifistas. Aunque en ese mismo discurso, segundos más tarde, también pronunció advertencias en tono más beligerante de lo habitual: “para aquellos que pretenden lograr sus fines mediante el fomento del terror y de las matanzas de inocentes, les decimos desde ahora que nuestro espíritu es más fuerte y no se lo puede romper; no podéis perdurar más que nosotros, y os venceremos”.  Pero estos mensajes sutilmente contradictorios también se podían encontrar en su campaña electoral, pues acercaban las posturas de Obama a un posicionamiento neutral ante el conflicto. De este modo podía captar a los votantes indecisos, quienes en muchas ocasiones resultan determinantes para ganar unas elecciones en Estados Unidos.

La culminación de la figura de Obama como pacifista tuvo lugar justo un año después de resultar electo como presidente. En noviembre de 2009 Barak Obama fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz reconociendo sus llamadas a reducir las existencias en el mundo de las armas nucleares y trabajar por la paz mundial. Sin duda, este reconocimiento contribuyó a que la ciudadanía de Estados Unidos y del resto del mundo percibieran al presidente americano como una líder antibelicista, aunque no resultara ser así. El Nobel de la paz le supuso a Obama un aluvión de críticas internacionales ya gran parte de la opinión pública vio en este hecho un reconocimiento prematuro e injustificado, ya que apenas llevaba un año en la Casa Blanca y todavía no había realizado los méritos suficientes.

Durante 2010 se produjo un fuerte debate en torno a la política exterior que debía seguir Estados Unidos. Como explica la BBC, los principales generales norteamericanos aconsejaron a Obama un aumento de tropas en Irak y Afganistán como forma de sofocar definitivamente el conflicto. Pero tras un intenso debate interno, Obama y su equipo dieron a conocer su decisión, una progresiva retirada de las tropas que comenzaría en 2011. De este modo, el presidente actuaba en consonancia al argumentario pacifista que había empleado durante y después de la campaña.

Pero el discurso de Obama en contra de las intervenciones militares y defendiendo el diálogo entre naciones para alcanzar la paz se fue transformando conforme avanzaba su legislatura. De hecho, en 2014 Obama lanzó una operación militar en Irak.  Esta consistía en un ataque aéreo a los militares del Estado Islámico. Para llevar a cabo esta ofensiva el discurso del mandatario americano tuvo que transformarse y hacerse a las posturas más beligerantes que alegaban a la seguridad nacional y a la defensa de la libertad.

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Alfonso Millán Roy

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